El humo blanco de una locomotora de vapor atravesaba por primera vez los extramuros de la ciudad de Valencia, recorriendo las verdes y encharcadas huertas con dirección hacia el poblado marítimo, pocos días después de celebrarse las fiestas de la primavera de 1852. Un trayecto que seguramente lo utilizarían los principales protagonistas de la expansión agrícola y que impulsó de forma paralela el desarrollo industrial de la región. Un momento histórico que probablemente fue aprovechado por alguno de los primeros amantes de la obtención de imágenes a través de la cámara oscura, para captar los nuevos acontecimientos que daban comienzo a una nueva era de las comunicaciones. Una nueva época que llegaba en un año en el que la expansión del uso de la fotografía ya había convencido de sus posibilidades a los valencianos más preocupados por el nuevo invento, desde que la primera fotografía (denominada Daguerrotipo en honor a su inventor, Louis-Jacques Mandé Daguerre), fuera realizada por Nicéphoro Niépce en 1816. La expansión de la escritura de la luz llegó muy rápidamente a España ya que el primer daguerrotipo realizado fue en Barcelona el 10 de noviembre de ese mismo año. En Valencia el dentista Juan José Vilar, solamente tres meses después, consiguió cinco espléndidos daguerrotipos que fueron presentados en la Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia, acto que fue registrado en acta del 26 de febrero de 1940.

Uno de los personajes que más y mejor influyeron en la difusión de la fotografía en Valencia fue el escritor y periodista valenciano Pascual Pérez, fundador del Diario Mercantil, considerado el primer fotógrafo profesional valenciano, ya que se ha comprobado que en 1847 tenía abierto al público su estudio en la antigua calle de La Parra, hoy calle Pintor Domingo. Enamorado del nuevo procedimiento y estando en contacto con los investigadores parisinos, introdujo en Valencia la fotografía sobre papel a la albúmina, realizando numerosas vistas de la ciudad de Valencia y, en 1851, siguiendo el ejemplo de William Henry Fox Talbot, publicó el primer libro español con fotografías originales, pegadas sobre las hojas y que tituló Álbum del Cabañal. Publicado solamente un año antes de realizarse el primer trayecto de la línea ferroviaria que unía Valencia con su puerto. Un acontecimiento que posiblemente fuera captado por la mirada atenta de Pascual Pérez, pero del que desafortunadamente, no se ha encontrado ninguna imagen que pueda demostrar mis sospechas. Bernardo Villalba es el autor de las maravillosas vistas estereoscópicas, que ahora podemos disfrutar en este catálogo y en esta exposición, que reflejan el paso del tranvía arrastrado por esa extraña locomotora por las tierras valencianas. Unas vistas que denotan el interés de su autor por documentar el acontecimiento, pero que poseen un marcado nivel estético, que aún es más evidente si se observan a través de un visor, que les proporciona un sorprendente efecto, al aparecer una tercera dimensión, que realza el volumen de las melancólicas escenas.

A pesar del auge paralelo que se produjo en ambos descubrimientos y que no podemos detallar detenidamente en esta breve introducción, no existen demasiados restos de los primeros trenes que han desaparecido al igual que numerosas copias fotográficas realizadas en aquellos primeros años. La rápida evolución tecnológica y la falta de una política de protección patrimonial ejercida sobre estos objetos, provocó su generalizada desaparición. Y también, en paralelo, han ido apareciendo afortunadamente, algunas preciosas piezas que han sido custodiadas por los cuidadosos amantes del ferrocarril y de la fotografía y que van conformando espléndidas colecciones que empiezan a ser protegidas por las nuevas leyes sobre el patrimonio industrial y artístico a partir del cambio acontecido por el triunfo de la democracia política. No puedo hablar con precisión del tema ferroviario, a pesar de mi gran pasión por ese medio de locomoción, causada sobre todo por mi educación recibida en mi adolescencia, a través de la visión de famosos cortos cinematográficos y de los grandes filmes donde se narraban fantásticas aventuras sobre los vagones y aquellas maravillosas máquinas, escenas que están en la memoria colectiva de mi generación. Mi otra pasión ha sido la fotografía, en cuyo universo estoy inmerso exclusivamente desde 1976 y he comprobado cómo su evolución ha experimentado las mismas etapas en los diferentes países occidentales, salvando las distancias, entre los más o menos desarrollados industrial, política y culturalmente, tanto en su faceta profesional o ejercida como una forma de expresión artística. Pero donde se notan grandes diferencias es sobre todo en el nivel de su conservación como objeto patrimonial, un tema que no tiene solución una vez desaparecidas las fotografías realizadas, que son, no sólo la expresión personal de sus autores, sino un importante documento que acredita nuestra historia.

El esfuerzo continuado desde hace pocos años por los coleccionistas privados, el matrimonio formado por Juan José Díaz Prósper y Margarita Ruiz Fernández, es ejemplar y digno de elogio. Su pasión por la ciudad de Valencia, sus costumbres, sus paisajes y sus gentes, les ha llevado a reunir más de once mil fotografías tomadas en el territorio de la Comunidad Valenciana, desde prácticamente los primeros años de la utilización de la fotografía hasta nuestros días. Recuperadas personalmente, han conseguido una de las colecciones más importantes sobre el patrimonio fotográfico valenciano, realizadas en su mayoría por fotógrafos anónimos y por los autores más importantes de la historia de la fotografía y que recorrieron nuestras tierras en busca de los temas más apropiados para desarrollar sus inquietudes; autores que eran atraídos por el encanto de los paisajes mediterráneos y, debido a la magnífica hospitalidad que recibían, algunos incluso llegaron a instalarse en las principales ciudades, donde ejercieron su profesión o sus actividades artísticas.

Este catálogo contiene noventa y ocho fotografías, una pequeña parte de la colección Díaz Prósper, seleccionadas exclusivamente para conmemorar los 150 años del ferrocarril en la Comunidad Valenciana y recogen el período comprendido entre 1852 y los últimos años de la década de los sesenta del pasado siglo XX. Podemos admirar las copias sobre papel a la albúmina, el proceso de positivado dominante hasta prácticamente finales del siglo XIX. Fotografías que evocan aquellos momentos con los característicos tonos sepias que les proporciona la lógica oxidación de las sales de plata, desde su original tono marrón-rojizo, y que amplifican el efecto melancólico que les da el paso del tiempo. Momentos captados con sencillas cámaras y unos negativos fotográficos sobre placas de vidrio al colodión, que necesitaban un tiempo muy largo de exposición y que obligaba a los modelos a permanecer quietos un instante, para ser captados con una gran carga de solemnidad. Pero el procedimiento mejoró rápidamente posibilitando la captación de escenas con movimiento y así comprobamos la gran maestría de aquellos fotógrafos observando con admiración la Vista general del cauce del Turia, con un tranvía a vapor al fondo, que he seleccionado para el comienzo de la exposición y que fue tomada en 1896 por Ángel García Cardona, conocido simplemente por Ángel, que tenía su estudio en el número 17 de la calle de las Barcas, donde realizaba espléndidos retratos. También realizó todo tipo de reportajes para Blanco y Negro, especializándose sobre todo en temas taurinos, que publicó en la revista Sol y Sombra a partir de 1897. Hombre emprendedor, se interesó por el recién estrenado invento del cinematógrafo y fue el primer profesional valenciano que lo practicó, ocupándose él mismo de la producción y de la realización como operador de sus propios guiones, inaugurando en 1899 un cine propio, en el edificio del número 19, junto a su estudio. La silueta del pequeño tranvía a vapor con su humareda blanca, contrasta sobre la arboleda del jardín de los Viveros, y la bella silueta de la ciudad de Valencia. Es la fotografía Nº 36 de uno de los muchos albúmenes que realizó sobre su ciudad y que fueron editados con fotografías originales pegadas sobre cartón para ser comercializados en todo el mundo.

A continuación le siguen las seis imágenes estereoscópicas realizadas por Bernardo Villalba entre 1860 y 1890, que nos muestran precisamente varias escenas de la línea que unía la ciudad de Valencia con el municipio de Vila Nova del Grau, fundamento principal que ha motivado que esta exposición se inaugure el día 21 de marzo de 2002, en conmemoración de los 150 años de ferrocarril en la Comunidad Valenciana: desde los propios ferroviarios posando junto a las locomotoras, la construcción de nuevos caminos junto a las vías, a los tranvías atravesando los bellos parajes que separaban la ciudad del mar. Destaca la silueta del Tren circulando en la línea de Valencia a El Grao, separando el blanco del cielo y el agua que riega las huertas. La selección continúa con la Locomotora 2-2-0 número 2 de la Sociedad Valenciana de Tranvías de la línea Valencia a El Grao, una fotografía tomada entre 1885 y 1912 en un desértico andén, con una composición en oblicuo que amplifica el dinamismo del diseño de la máquina. Realizada en el mismo periodo de tiempo, el Personal ferroviario sobre la locomotora 2-2-0 número 3 de la Sociedad Valenciana de Tranvías, nos muestra el perfecto control que el anónimo autor ha conseguido para componer esta bella y etnológica escena, apreciándose en cada uno de los personajes, un gran interés en ser los principales protagonistas. Rodeada de público podemos ver la Pequeña locomotora de Vapor, tipo "Landcashire" de los Talleres de Calderería Devis y Noguera, situados en el Camino de Barcelona, número 11 de Valencia. Pero no hay que olvidar que anteriormente a los nostálgicos tranvías impulsados a vapor, se empleaba el Tranvía con tracción animal en la línea de Valencia a El Grao y, como podemos ver, las apreciadas mulas consiguen una excelente velocidad para atravesar un delicioso y poco transitado paseo. Una escena recogida en la tarjeta postal número 42, impresa por L. Clumiere, un nuevo procedimiento muy extendido a partir del gran éxito alcanzado por las fotografías positivadas directamente sobre papel fotográfico y que llevaban en el dorso impreso las marcas para escribir la dirección y poder ser enviadas por correo postal sin necesidad de introducirlas en sobres cerrados.

El Personal de la fábrica de construcción de tranvías Lladró Cuñat posa orgulloso delante de uno de los vagones, rodeando al supuesto maestro artesano. Sus rostros están bien atentos a la cámara fotográfica, gracias a la pericia y al dominio que ejercían numerosos fotógrafos profesionales que ofrecían sus servicios a las nuevas y florecientes empresas, consiguiendo numerosos pedidos de copias, no sólo del dueño de la empresa sino de cada uno de los trabajadores que componían estos entrañables grupos. Pero la fotografía publicitaria de un Tranvía con dos operarios en su fábrica de Bélgica es toda una demostración de la gran maestría de su autor para organizar la escena retratada con luz natural, al conseguir una extraordinaria composición situando a los dos personajes en cada uno de los extremos, en perfecta armonía, y que por añadidura nos ofrece el verdadero tamaño del tranvía y nos convence de su belleza. Toda una lección para la utilización de la fotografía en la publicidad industrial, que empezaba su apogeo en aquellos años y que contrasta con los Viajeros en un coche de tranvía, del tipo denominado "Jardinera", donde la multitud de usuarios nos oculta el detalle del vagón, pero nos muestra una de las escenas cotidianas que consistía en viajar sobre el estribo, subir y bajar en marcha, sin esperar a la parada reglamentaria. También los acontecimientos importantes eran recogidos por los fotógrafos del momento, como se puede apreciar en la Misa militar celebrada en la bajada del Puente de Viveros, donde, incluso en el interior de los tranvías a vapor, sus viajeros asisten atentamente al acto, formando parte de una sugestiva composición.

La Locomotora número 2-0-2 de vía estrecha del ferrocarril Carcagente-Denia es similar a las de vía ancha que unían Valencia con diferentes ciudades como Tarragona, Zaragoza, Madrid, Barcelona o Alicante de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España. Una excelente muestra de las características de la rápida evolución que sufrió la tecnología ferroviaria. Posiblemente esta imagen formaría parte de algún álbum encargado por los fabricantes para ser empleado como catálogo de promoción, y conseguir nuevos pedidos, debido a la gran proliferación de líneas que desde 1852 y hasta 1920 se iban construyendo, no sólo en Valencia sino en todo el mundo. No podemos saber nada de sus anónimos autores, ya que no era habitual firmar las fotografías originales y por el escaso reconocimiento que se prestaba cuando se encargaban trabajos industriales, no publicando, en los catálogos y libros, los nombres de estos extraordinarios fotógrafos que las habían realizado. Estas mismas máquinas aparecen en diferentes instantes de sus habituales trayectos que los fotógrafos Ramis y Rives supieron captar en 1914 con auténtica profesionalidad, pero esta vez su firma aparece en el ángulo inferior derecho. La Locomotora 2-3-0 número 1908 de la serie "1900 pequeñas", denominadas así por su menor diámetro de ruedas, ubicada en el Depósito de Tracción situado junto a la Estación del Norte de Valencia, recoge de nuevo una perspectiva oblicua. Junto a la poderosa máquina aparecen dos personajes en una clásica pose, que se irá repitiendo a lo largo de otras fotografías de esta exposición. Una costumbre que nos demuestra la fascinación hacia los mundos de la fotografía y del ferrocarril y de la que da fe el personaje que sitúa su mano sobre la locomotora en un gesto de verdadera satisfacción y mirando directamente hacia el objetivo de la cámara. Pero es el Hombre delante de una locomotora 2-3-0 número 1952 de la serie "1900 grandes" el que mejor representa el orgullo de posar ante esta magnífica y poderosa máquina. Seguramente estos personajes serían industriales que las fabricaban o exportaban, jefes de estación, trabajadores diversos, directivos de las nuevas empresas que gestionaban las nuevas líneas o incluso personas anónimas, que no dudaban en encargar un retrato en alguna de las nuevas y flamantes estaciones. Fascinación que podemos comprobar de nuevo en la imagen tomada cerca de 1920, donde Salvador Lara, ferroviario, posa amablemente a la izquierda de un compañero y delante de la locomotora 0-4-0 número 2564 de la serie conocida como "verracos", reproducida sobre papel con el formato de tarjeta postal.

Esta selección continúa con tres imágenes singulares y que tienen en común la rotulación que predomina en cada uno de los modelos fotografiados. La primera es una fotografía publicitaria de una Estufa de desinfección a vapor, sistema "Lloret", que fue construida en los Talleres de Felipe Genevois en El Grao de Valencia que formaría parte del catálogo de la empresa, realizado por el fotógrafo Vicente Barberá Masip que nació en Valencia en 1871 y tenía dos estudios en la ciudad, uno en la calle de la Paz y otro en la calle Lauria, donde residía. Fue uno de los primeros reporteros de prensa, publicando en el diario madrileño ABC, en la revista Blanco y Negro, en La Ilustración Española y Americana y, desde su creación en 1931, en el diario valenciano Las Provincias, hasta su fallecimiento en 1935. Nombrado fotógrafo oficial por el Ayuntamiento de Valencia, realizó numerosos retratos y vistas de paisajes urbanos y naturales, así como importantes reportajes sobre la Feria de Valencia, toda clase de acontecimientos sociales y una magnífica instantánea del Rey Alfonso XIII durante su estancia en Valencia el año 1905. Comercializaba sus imágenes reproduciéndolas en tarjetas postales o en copias originales que vendía con mucho éxito. La segunda imagen corresponde al Vagón Cuba número 1 de la empresa Antonia Alabau Díaz, de Castellón. Un vagón de la Compañía auxiliar de ferrocarriles Beasain, que nos muestra otra extraordinaria fotografía anónima, con un representativo grupo de personas que, extrañamente, no miran hacia la cámara. La tercera imagen es otra nueva prueba irrefutable de la unión entre los ferrocarriles y la fotografía, ya que el Coche artístico de la Sociedad Electro-Fotográfica "retrata todos los días de 9 a 6" con "privilegio exclusivo por aplicación con patente para España", cuyo "Director Quiroga" viajaba realizando, ¿quizás? muchas de las anónimas fotografías que ahora podemos ver en esta selección. Para conseguir más clientes iba pegando sus mejores resultados en las paredes del vagón neumático, que le proporcionaba un aspecto muy llamativo. Sobre el blanco del papel fotográfico aparecen unas anotaciones escritas a mano y con tinta de estilográfica, donde podemos leer el nombre de "Enrique Gató Herrera y M Ana" y la presumible fecha, "Octubre 1903", de cuando seguramente estas personas se hicieron un retrato.

La selección continúa con varias imágenes realizadas en la provincia de Alicante y en la Estación de la Colonia Santa Eulalia, otro fotógrafo anónimo se enfrenta con la Locomotora número 2-0-3 de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante y consigue un primer plano espectacular. Pero será Francisco Mora Carbonell (Alcoy 1898-1977) quien encuentra ese espectacular paisaje con un Tren circulando sobre el puente metálico de Mascarat, entre Altea y Calpe. Una imagen realizada por uno de los más conocidos fotógrafos alicantinos. Aficionado a la fotografía desde muy joven fue influenciado por el movimiento pictorialista internacional que llegó a España con retraso, cuando ya había sido abandonado por sus principales defensores decididos en realizar una fotografía directa, sin imitar los planteamientos más académicos de la pintura que mantenía un estilo completamente falto de imaginación. Centraba sus composiciones sobre temas costumbristas, logrados en su mayoría en las comarcas que rodean su pueblo natal, con acabados al fresón, bromuro o bromóleo, procedimientos artesanales que producían un acabado parecido a los dibujos al carbón, amplificando la falta de nitidez realizada en la toma de la imagen y su amplia gama de tonos medios. Desde 1944 a 1947 fue asesor artístico de la Asociación de San Jorge de Alcoy. Inmerso en el universo de los concursos, obtuvo numerosos premios nacionales e internacionales al elaborar unas cuidadas composiciones donde situaba las tareas más habituales de los agricultores o ganaderos en un espectacular paisaje natural.

La serie elaborada por Manuel Cantos en Elche a principios del siglo XX nos deslumbra con el Puente metálico a la entrada de la Estación de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante, que atraviesa el fantástico palmeral con una arriesgada composición muy propia de este fotógrafo que en 1896 se establece en el estudio de su colega C. Nicora, en la calle Méndez Núñez, número 9 de Alicante y en 1897 se traslada a la Calle Mayor, número 1, convertido en uno de los fotógrafos más importantes de la ciudad. Realizó innumerables retratos sobre las nuevas emulsiones al bromuro de plata e incluso con platinotipias donde alcanzaba mejor definición en los detalles. Acaparó las vistas de los más bellos lugares, como los del palmeral de Elche demostrando una especial sensibilidad sobre los paisajes observados. También colaboraba en las revistas; Blanco y Negro, Nuevo Mundo, Panorama Nacional, como reportero gráfico y muchas de sus imágenes sobre Alicante, Elche y Murcia fueron reproducidas como cromos por la Casa Thomas, que se entregaban en el interior de diferentes productos para ser recogidos y pegados en bellos álbumes.

Como ejemplo de los fotógrafos extranjeros que viajaron por España buscando los maravillosos paisajes del sur de Europa destaca el francés Jean Laurent, que puede ser considerado como el creador y principal difusor de la imagen de la España de finales del siglo XIX por todo el mundo. Con su gran cámara captó los paisajes y las gentes de la Península Ibérica, mezclando los ambientes más clásicos con las nuevas edificaciones que se acometían en todo el territorio explorado. Su especial punto de vista consigue superar el valor documental y objetivo que contiene cada una de sus obras y con el personal estilo que le caracteriza, sus panorámicas alcanzan un gran nivel estético y de una extraordinaria belleza, con una gran carga de romanticismo, como podemos comprobar en la Vista general de la ciudad desde el muelle del puerto. Realizada en Alicante, aproximadamente en 1870, sobre un papel a la albúmina, nos proporciona una melancólica visión de la ciudad. Como protagonistas especiales de la futura expansión económica aparecen los bellos barcos atracados sobre un muelle recorrido a su vez por las vías férreas.

Uno de los núcleos industriales más importante en los años treinta en la provincia de Castellón estaba ubicado en el pueblo de Onda y para conectarlo con el puerto más cercano se necesitaba al Personal ferroviario que posa a lo largo del anden junto a "La Panderola", nombre con el que se conocía el ferrocarril de Onda a El Grao. Una imagen que vuelve a proporcionar una gran emoción al comprobar la belleza de estos trenes y el encanto de cada una de las personas que los hacían posibles. Otra escena muy interesante es la que vio Larruy en la Estación de Navajas y que tiene por protagonistas a los Vagones para el transporte de mineral de la Compañía del Ferrocarril Central de Aragón, otra vía importante que contribuyó a la expansión industrial.

El final de la selección está dedicado a la ciudad de Valencia, con una serie de fotografías que nos presentan una secuencia comprendida entre los últimos años del siglo XIX hasta la década de los años sesenta del siglo XX. Se inicia con varias visiones de la antigua Estación de Valencia, para adentrarse por la ciudad siguiendo las diferentes vías que la cruzaban, hasta llegar a los pequeños pueblos que la rodeaban, comunicados por tranvías o pequeñas líneas ferroviarias. Es interesante observar el Cruce de vías sobre la calle Xátiva donde podemos apreciar, con el fondo de la Gran Plaza de Toros, la calle que se abrió sobre el espacio dejado por la muralla de la antigua ciudad. Al encontrarse la vieja estación dentro del recinto urbano, las vías se vieron obligadas a cruzar a nivel sobre la calle, causando distorsiones cada vez más importantes en el tejido urbano e incluso accidentes. Una visión parecida la realizó Jean Laurent en 1875 y Antonio Esplugas insistiendo sobre el mismo motivo realza el Muelle de carga de la antigua Estación de Valencia. Una vez salvado el cruce de vías de la calle Xátiva, se había ido formando un segundo núcleo ferroviario de servicios, provocando una interrupción en el tejido urbano y la desconexión entre los barrios limítrofes de Valencia. Antonio Esplugas trabajaba normalmente en Barcelona, pero viajaba por toda la península para cubrir importantes acontecimientos. En 1888 se desplazó a Valencia para realizar diferentes fotografías sobre la ciudad y personajes populares ataviados con los trajes de época en estudiadas poses, con la intención de comercializarlas en el esperado viaje de la Reina a la ciudad. Conocedor de las últimas novedades técnicas, realizaba copias en color, utilizando el sistema inventado por el valenciano Crozat, basado en una impresión a dos tintas. Obtuvo una gran popularidad al conseguir unas arriesgadas vistas sobre la ciudad de Barcelona, realizadas durante un vuelo en globo, aprovechó la ocasión para promocionar sus retratos colocando a las personas en la barquilla del globo, que por supuesto estaba sujeto al suelo. Muchos de sus reportajes estaban destinados a ser publicados en libros y en 1888, en colaboración con Pau Audouard, realizó un gran reportaje de la Exposición Universal de Barcelona. La fotografía seleccionada de Antonio Esplugas es una visión desde arriba, muy característica de este autor que buscaba la belleza de la composición resaltando las grandes perspectivas. Sin embargo la tarjeta postal Calle Xátiva y la Universidad nos proporciona una visión diferente sobre el mismo cruce de vías, también realizada desde arriba, pero nos deslumbra el ángulo opuesto. Editada en 1909 por Ediciones Sanchis Hermanos, podemos apreciar a la izquierda las obras de la nueva Estación del Norte y al guardia urbano que detiene el tráfico para dar paso a los transeúntes.

Durante la celebración de las fiestas falleras de 1909, un anónimo autor tuvo la oportunidad de captar y publicar en una tarjeta postal, el espíritu crítico de los valencianos ante Las sucesivas demoras que sufrió el Ferrocarril Directo, enlace ferroviario Madrid - Valencia a través de Cuenca, que comenzaron a ser motivo de chanzas entre la población valenciana, que acabó por incorporarlo a una falla en la Plaza del Ayuntamiento; una experiencia seguida por otros avispados editores de tarjetas postales que buscando motivos comerciales publicaron por esos mismos años una nueva Falla con un ninot huertano sobre una locomotora. Otro motivo interesante está reflejado por la mirada de José Ara Romeu, que recoge a los Colombófilos con sus jaulas de palomas en una ordenada línea sobre un andén desconocido. Romeu disponía de un amplio patio en la calle Pi y Margall número 36, con un jardín decorado con bancos chapados con azulejos, e incluso con un pequeño estanque. Estaba especializado en recién casados que acudían a su estudio-jardín, con el carruaje de caballos utilizado en la ceremonia nupcial, para ser retratados en una simulada instantánea, que captaba el instante mismo de la bajada de la novia ayudada por su amante esposo.

Escenas callejeras con un Tranvía eléctrico cruzando el Puente del Mar que circula paralelo con un carruaje arrastrado por tracción animal, un instante que atrajo la mirada atenta del fotógrafo que observaba el inicio del futuro. Una forma de mirar parecida a la de Martín Vidal Romero (Valencia, 1872-1944) uno de los primeros reporteros gráficos valencianos que inició una saga familiar en 1895, al inaugurar su estudio en la plaza de San Esteban, número 4. Compagina la realización de retratos con todo tipo de reportajes que publicó periódicamente en; Nuevo Mundo, Sol y Sombra, Blanco y Negro, Letras y Figuras y Palmas y Pitos, ingresando en 1911 en el recién estrenado periódico Diario de Valencia hasta 1920, cuando fue sustituido por sus propios hijos, Martín, Luis y Vicente Vidal Corella que ya colaboraban en el taller familiar. Sólo fue Luis el que mantuvo la profesión, trabajando en el Diario de Valencia, más tarde en el Mercantil Valenciano, y una vez finalizada la Guerra Civil española en el Levante, fue reemplazado a su vez por su hijo Luis Vidal Vidal que ha continuado la tradición familiar hasta la privatización del Levante en 1984. En la actualidad Luis Vidal Ayala es la cuarta generación de reporteros gráficos. La fotografía de las Obras de construcción del tranvía junto a la torre de El Miguelete formaría parte de sus trabajos habituales sobre la ciudad. Se necesitaba un gran dominio del oficio para seguir la Prueba de atletismo sobre la vía del tranvía y captar unas imágenes tan contundentes, que nos demuestran su gran capacidad como reportero, capaz de resolver cualquier problema por difícil y complicado que parezca, para acercar sus instantáneas al público.

Vicente Barberá Masip nos proporciona en los años cercanos a 1920 una espléndida perspectiva del Tráfico de automóviles y tranvías en la calle de La Paz de Valencia, con la torre de Santa Catalina al fondo y toda una gama de pequeñas escenas protagonizadas por los tranquilos transeúntes que no se inmutan por tan "abundante" tráfico. Transeúntes que se convierten en los primeros años sesenta en apresurados Viajeros accediendo al tranvía número 5 frente al Ateneo Mercantil y que prácticamente han desaparecido en la Parada de tranvías en un día de nevada, una fecha recordada con ilusión por los que vivimos esta inesperada y poco habitual nevada en aquellos años sesenta. Una jornada inolvidable en una Valencia que por un momento dejó su rutina y los numerosos problemas cotidianos para disfrutar de un regalo de los dioses. Una imagen maravillosa que, al contemplarla hoy por segunda vez me traslada al Invierno en la Quinta Avenida, donde aparece un carruaje con tracción animal guiado en 1893 por el Nueva York nevado de Alfred Stieglitz, el gran maestro norteamericano y uno de los principales defensores de la utilización de la fotografía como una forma de expresión artística. Una imagen de un fotógrafo anónimo que supera el nivel medio de todas las fotografías que conozco realizadas en Valencia en los años sesenta. Una agradable sorpresa que confirma la importancia de proteger el patrimonio fotográfico, que gracias al esfuerzo de los coleccionistas privados Juan José Díaz Prósper y Margarita Ruiz Fernández, ha permitido que una parte importante de nuestra memoria perdure hasta nuestros días y que hoy pueda ser admirada por la sociedad, que disfrutará con su visión en la Sala de Exposiciones de la Estación del Norte, gracias al esfuerzo conjunto de la Conselleria de Obras Públicas, Urbanismo y Transportes de la Generalitat Valenciana, de Renfe y de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles.