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"Caminos de Hierro":El concurso visto por...

  Prólogo catálogo 17o "Caminos de Hierro"

 

"Caminos de Hierro 2003"
Josep Vicent Monzó


Fotógrafo y Conservador de Fotografía del IVAM

www.ivam.es

 

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Durante años he seguido atentamente la evolución de uno de los pocos concursos fotográficos que se ha mantenido constante desde su creación en 1986. No es una simple casualidad que Caminos de Hierro, sea en la actualidad una cita obligada para los amantes de la fotografía y el ferrocarril, pues su prestigio se ha debido a la perseverancia de sus organizadores, que a su vez se han visto apoyados por el nivel de los participantes que, año tras año, envían extraordinarias imágenes a la espera de recibir la ansiada mención. Una convocatoria que mantiene un tema obligado, una especial característica que podría haber influenciado negativamente en los resultados obtenidos, provocando una falta de expresividad en los participantes, ante un creciente aluvión de aburridas imágenes, que hipotéticamente hubieran sido premiadas en sucesivas ediciones, como sucede en numerosos concursos que solo se interesan por las cuestiones técnicas, apartados de las corrientes estéticas que han escrito la Historia de la Fotografía y de las últimas tendencias artísticas que afloran en el principio del III Milenio. Todo lo contrario, la Fundación de los Ferrocarriles Españoles ha conseguido consolidar este certamen, no solo por el aumento consecutivo de la cuantía de los premios que concede, sino por la elección continuada de un jurado competente y abierto a la modernidad, variado en cuanto a tendencias y sobre todo, otorgándole entera libertad en sus deliberaciones. Otra característica que contribuye al éxito alcanzado de Caminos de Hierro, es que cada edición no finaliza con la entrega de los premios, sino que la obra de estos autores, junto a la última selección del jurado, es publicada en un catálogo y se acerca a numerosas ciudades españolas para ser expuestas en sus estaciones de ferrocarril y que es visitada por un sector muy amplio de los usuarios que utilizan este fantástico medio de transporte, así como por el público interesado en la fotografía y el ferrocarril. Una iniciativa que ha conseguido ser una de las escasas ayudas en la difusión de los autores que empiezan a utilizar la fotografía como una forma de expresión artística.

En 2001, tuve la suerte de ser invitado a formar parte del jurado por primera vez y pude comprobar directamente los parámetros humanos que impulsan el desarrollo y la organización del certamen, la gran cantidad de obras presentadas, la calidad de los participantes y el nivel de discusión del jurado. Este año he vuelto a tener el honor de participar otra vez en el jurado para reunir la selección que ahora podemos admirar en este catálogo y en la exposición que recorrerá de nuevo todo el territorio español. Nuestra discusión estuvo centrada en los niveles de comunicación que cada imagen aporta con relación a la evolución de este medio de transporte y el nivel estético que debe poseer toda imagen procesada con la escritura de la luz, sin tener en cuenta el procedimiento empleado. No cabe duda que el viaje recorrido por la fotografía ha ido en paralelo con el del ferrocarril, pues ambos descubrimientos nacieron en una misma época y han avanzado vertiginosamente hasta alcanzar la evolución tecnológica actual, que parece que no tiene fin. Las imágenes seleccionadas nos presentan una gama de visiones actuales de las infraestructuras ferroviarias más variadas, entre paisajes muy distintos y son una muestra de las posibilidades que ofrece cualquier tema, cuando se ejerce una mirada con libertad creativa.

Una selección de cien fotografías que mantienen un alto nivel de calidad y que provocó una larga deliberación para ir eligiendo cada uno de los premios, ante la propuesta de cada miembro del jurado que defendía aquellas imágenes que más le impresionaban. En definitiva el mecanismo es simple y se trata de componer un consenso entre las diferentes sensibilidades que en esta ocasión tuvimos el privilegio de poder elegir. Así fueron destacándose un grupo de diferentes imágenes entre las que inmediatamente vimos la que más se ajustaba al Premio "El tren: vía de comunicación", una imagen en blanco y negro tomada en Namibia por Juan Jesús Huelva Esteban, donde las extremas llanuras muestran numerosas huellas de vehículos, pero solo una vía férrea logra traspasar sobre un sencillo puente, esa brecha negra que divide en dos espacios ese lugar tan recóndito. También el Premio Autor Joven se resolvió de inmediato al ver las posibilidades que tenía la impresionante composición en diagonal, que Mónica García Carrera ha titulado Dos mundos, gracias a la conjunción que enfrenta en un fotomontaje perfecto, la velocidad de un tren y la mirada del extraño campesino, bajo un común y colorido horizonte. 

A partir de este momento fuimos eligiendo cada uno de los diez accésit, dejando para el final la elección de las dos mejores fotografías. El movimiento del tren, Sin título 3, es logrado por Nicolás Lainez en una sinfonía en blanco y negro que atraviesa un precioso valle entre montañas, una sencilla y moderna instantánea que nos obliga a situarnos en los recuerdos de nuestros más felices viajes. Otra instantánea, ese reflejo Sin título, nos entrega una eterna y simbólica despedida, que recogida por Nacho G. Ordóñez en una anónima estación, nos cautiva por su mirada tan triste y melancólica. En cualquier estación de Cercanías, Miguel Palacios Ruiz ha encontrado un bello contraste entre la carrera de una persona y su perro, frente a la estela que dejan los colores del tren. Escenas cotidianas que son observadas por la mirada atenta de sus autores y que gracias a las posibilidades técnicas de la herramienta utilizada pueden convertirse en bellas composiciones, como Sin título, lograda por Miguel Ángel Patier de la Peña, que gracias a la utilización de una velocidad lenta del obturador de su cámara, el movimiento de las luces de un tren que pasa a toda velocidad, ha dejado una estela de colores sobre la emulsión del negativo, o sobre la memoria digital, que contrasta con la imagen de la estática señal. Otro personaje anónimo observa sentado el paso de un largo convoy, bajo un extraordinario cielo tenebroso, una imagen, Sin título, que Wilhelm Scholz ha construido con gran habilidad literaria. Las abandonadas rutas son recuperadas para el senderismo y Alfonso Jiménez Casado ha recorrido una Vía verde encontrando un camino idílico frente a una vieja y ruinosa estación, una imagen neopictorialista que nos remite hacia clásicas y románticas visiones sobre el viaje. La soledad del viajero en cualquier estación es captada por la mirada atenta de Manuel Navarro Forcada, que sabe conjugar en Castellón 2002, la magia de las luces y las sombras. La nostalgia de los tiempos pasados, es plasmada A través del espejo por Juan Rivas Quesada en una composición ordenada perfectamente y que contrasta sus trenes queridos guardados en apreciadas fotografías, observados por su fiel compañera de viaje, con los de alta velocidad que aparecen por la ventana de su hogar. El Paisaje fantástico de Vicente Agustín Pertegaz nos sitúa directamente entre una colorida irrealidad que nos embruja emocionalmente. Y finalmente, la Secuencia obtenida por Rafa Ramos, presenta una delicada panorámica donde los viajeros del tren son situados magistralmente por el autor, en las diferentes ventanillas, para lograr una excelente y alargada visión de un imaginario y tranquilo viaje.

La discusión final fue larga, pero logró la unanimidad de todos los miembros del jurado, que supimos llegar al acuerdo de otorgar el Segundo Premio a la imagen Sin título realizada por Javier de la Flor, una panorámica vertical que contrasta la llegada de una vía ferroviaria a la nueva ciudad de Bilbao, en un típico día brumoso. Una moderna fotografía que utiliza las reglas del Realismo Mágico logrando un encuadre fantástico y melancólico, amplificado por la inclusión, gracias a un perfecto fotomontaje, de unos extraños personajes iluminados y ordenados a lo largo del andén. Una construcción que nos obliga a dirigir la mirada desde el borde inferior de la imagen que está casi en penumbra, subiendo a través de los férreos raíles, hacia lo más alto donde aparece la delicada silueta del Museo Guggenheim. Pero fue Idilio, la imagen realizada por Josep Güell Hernández, la que ha conseguido el Primer Premio, debido precisamente a su magistral composición, que une un maravilloso cielo con la silueta de un moderno tren de alta velocidad, que viaja sobre un árido terreno. Una imagen compuesta por su autor aplicando las actuales técnicas digitales para conseguir un espléndido resultado, que nos transmite una visión espectacular y muy actual sobre los modernos trenes utilizados en los medios de comunicación terrestre. Una bella y rotunda imagen de los Caminos de Hierro que cautivó a todos los miembros del jurado.

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