Texto normal Texto grande Texto Supergrande Alto contraste
Principal Inicio English version English
Portada "Caminos de Hierro"
Catálogo de fotografías
Información del concurso
Exposición itinerante
Exposición antológica
El concurso visto por...
Historia del concurso
Medios de Comunicación

"Caminos de Hierro":El concurso visto por...

 

  Prólogo catálogo 19o "Caminos de Hierro"

 

"Cuando el viaje es una foto "
Manuel Falces

Director del Centro Andaluz de la Fotografía

www.centroandaluzdelafotografia.es

 

Concurso fotográfico "Caminos de Hierro"

Volver al índice
 

Cuando se consulta cualquier manual sobre el fotógrafo viajero nos remiten a los orígenes del medio: al siglo XIX. El viaje ha sido lo más retratado. Ahora es una constante que se envía desde un satélite que anda por ahí arriba. También, desde una ventanilla captadas desde una cámara desechable hasta el aparato digital más sofisticado. Pero siempre me traen los instantes de las parcelas de las áreas mágicas de la memoria. Desde el recuerdo de una Kodak, aquellas de fuelle, usadas por mi madre y que años más tarde heredé. Sin ella no podían viajar mis padres desde Almería a Madrid, o a Burgos. Era un aparato tan esencial en un vagón como una tortilla de patatas, una botella de agua y una bolsa de bocadillos -entonces los cabeceros de los vagones se adornaban con una suerte de fotos que nos recordaban los paisajes de las postales-.

Después, al regreso, cuando tenía apenas siete años se me ocurría una percepción entrañable descrita en los manuales al uso que explican que para un viaje "el mejor consejo es siempre tener la cámara al alcance de la mano, ello adquiere una importancia mayor cuando el viajero llega a su destino (..)". Volvemos a los espejos de la memoria. Estos libros añaden que "el mal tiempo, lejos de desmejorar una fotografía, puede añadirle un ambiente agradable". Así lo explican los expertos del Time-Life. A lo que añaden "que jamás conviene dejarse la cámara en el hotel". Y añaden que "por otra parte la escena que nos parece interesante puede ser el atractivo cuando volvemos al lugar, y es la justificación de nuestra ruta". O que "incluso puede haber desaparecido -el paisaje y las trazas de la memoria-".

Mis recuerdos fotográficos captados desde un vagón de Renfe (en aquellos años de la cultura de Marcelino, Pan y Vino) me traen evocaciones del olor a la funda de piel que protegía la cámara de mi madre. Cuando de nuevo la veo, evoco las tomas que hice de los porteadores de maletas con sus hábitos azules (los que trabajaban en aquella mágica estación de Atocha, principio y fin del trayecto de un niño que encontró en ese espacio, años después, las coordenadas poéticas de Cavafis, las de Homero y el universo que nos es más inmediato; de las rutas poéticas de Goytisolo o las de Valente, entre otros muchos literatos).

Todo ello poco tiene que ver con la pedantería de las estampas -registros fotográficos- con las que vieron y miraron los europeos a los africanos y asiáticos (realmente lo que hicieron fue sólo observar). Una tendencia similar a la de los americanos que tomaron una infinidad de fotos para analizar las costumbres de los indios (en cuya especialidad destacó Arthur Feldmand, en 1890, en el territorio de Arizona, con las mujeres y niños apaches).

Mis recuerdos de fotógrafo viajero, de vagón y olor a Renfe -disparando la cámara desde un tren- son más simples: los de humildes rostros dormidos, los de paisajes evolutivos y el recuerdo -repito- del olor de la piel que protegía la fragilidad técnica de la cámara que usaba "para hacer fotos" mi madre.

© Fundación de los Ferrocarriles Españoles·   Santa Isabel, 44. 28012. MadridAviso Legal