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"Caminos de Hierro":El concurso visto por...

  Prólogo catálogo 27o "Caminos de Hierro"

“El Tren y la Fotografía, viajando juntos de la mano”
Catherine Coleman

Conservadora de fotografía Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

www.museoreinasofia.es

 

27º Concurso Fotográfico Caminos de Hierro

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El Tren y la Fotografía, viajando juntos de la mano

El ferrocarril y la fotografía parecen haber nacido bajo la misma estrella ya que comparten la naturaleza de estar en perpetua evolución y formar parte fundamental de la historia social contemporánea. Estas dos innovaciones del siglo XIX han contribuido a cambiar la conducta humana, desde lo económico e histórico, hasta los hábitos cotidianos de comunicación. Y, juntos, progresan hacia un fin inimaginable, aún desconocido. El primer ferrocarril con un servicio regular para pasajeros unió las pequeñas ciudades inglesas de Stockton y Darlington en 1825. Catorce años más tarde, el francés Niépce anunció el nacimiento de la fotografía, invento patentado enseguida por el gobierno francés, sin intuir la enorme influencia que significaría la combinación de ambos.

La historia de cómo, en un breve período de tiempo, el papel de la fotografía y el del ferrocarril hicieron realidad la expansión territorial de los incipientes Estados Unidos ilustra perfectamente esta interrelación. Hacia 1840 se impuso la doctrina del Destino Manifiesto ("Manifest Destiny"), la misión moral de la conquista del Oeste. Es decir, que el poder ejercido por la combinación tren/fotografía materializó la Conquista del Oeste más allá de la frontera natural y psicológica del río Mississippi. El tren permitió la apertura de vastas expansiones vírgenes para la agricultura y la ganadería, hasta topar con las Montañas Rocosas. Entonces, a caballo, para ganar el "Wild West." No fue hasta 1869 que se logró el primer tren transcontinental. En el período 1850-1890 se terminaron de forjar los Estados Unidos como celebra "America the Beautiful" "de mar a mar radiante" ("From Sea to Shining Sea").

Robert Vance fotografió California y expuso las imágenes en la ciudad de Nueva York en 1851. El esplendor sublime de la geografía y el paisaje californiano, así como el del Océano Pacífico, convencieron a los poderes políticos (necesario para proporcionar el apoyo económico) y al público en general (quien lo sufragaba con sus impuestos) de la poblada costa Atlántico de que la expansión y la apropiación territorial era necesaria.

Desde entonces, se exigió que cada expedición al Oeste fuera cubierta por un fotógrafo oficial. Aparecieron grandes fotógrafos y aventureros, como el citado Robert H. Vance, Timothy O'Sullivan y Carleton E. Watkins, con panorámicas impresionantes del Cañón del Colorado, Yellowstone y el valle de Yosemite, entre otros; vistas que, además, sirvieron como estímulo proteccionista para la creación de la fabulosa red de parques nacionales.

La Conquista del Oeste se materializó gracias a los pasajeros que llegaron en los trenes, buscando el paraíso, convirtiéndose en emigrantes en su propio país. La fotografía fomentó el Oeste en el Este.

Retornamos a la actualidad.

La estación, las colas para el billete en día azul, las despedidas, las largas distancias, las interminables esperas, los pasajeros durmiendo, las llegadas felices, por no decir las tomas desde la ventanilla del tren en marcha, constituyeron el repertorio fotográfico de las imágenes ferroviarias, como deja patente en la mayoría de las participantes en el 27º concurso de "Caminos de Hierro," convocatoria de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. Sin embargo, hasta la fecha, la introducción del tren de alta velocidad aún no ha inspirado una nueva iconografía del viaje y de la experiencia viajera. El éxito locomotriz de la alta velocidad dificulta su relación con la fotografía pues imposibilita la foto desde la ventanilla, ya no hay despedidas llorosas, y las distancias y el tiempo se han recortado tanto que no hay largas esperas y la puntualidad está a la orden del día.

Las fotografías de los trenes de alta velocidad en movimiento son externas, tomadas desde el suelo o el cielo. De alguna manera, la velocidad misma ha reemplazado el romanticismo de la estación. Las fotografías, todas en color, acentúan la elegancia del diseño y el silencio. Igualmente, la fotografía digital carece del misterio de la fotografía analógica, las sorpresas en el cuarto oscuro. El uno depende del otro: la fotografía y el tren seguirán de la mano ejerciendo su poderío tanto visual como físico.


Catherine Coleman
Conservadora de fotografía Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

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